El Blog de Sara Hernández

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Las fiestas de Getafe

Estamos de fiestas en Getafe, aunque en esta ocasión hayan estado acompañadas de la campaña electoral y las elecciones. Las fiestas son días para disfrutar pero sobre todo para pasar buenos ratos con nuestros vecinos.

Unas fiestas que por cierto empezaron con el barrio de San Isidro, que este año por fin, pudieron celebrarse sin que desde el Ayuntamiento las intentaran boicotear. En pocas semanas llegan las del resto de barrios, con menos recursos pero igual de alegres, gracias a la participación de asociaciones y vecinos que se ponen al frente.

Desde la Bajada de la Virgen hasta los fuegos artificiales que disfrutaremos mañana en los lagos, Getafe rebosa más vida y júbilo estos días. Ayuda a ello el calor y el buen tiempo, que ha animado además a mucha gente a acercarse al recinto ferial.

Un recinto plagado de casetas de asociaciones y organizaciones que convierten las fiestas en un auténtico encuentro entre familias y amigos. Porque en Getafe no podemos identificarnos únicamente con grandes artistas y sus conciertos, debemos además responder a lo que se espera de un pueblo que poco a poco se ha ido convirtiendo en ciudad, cercanía y trabajo.

Por ello hasta los partidos políticos tenemos nuestro espacio en las fiestas. En el caso particular del PSOE con el esfuerzo de todos. Son nuestros afiliados y simpatizantes quienes se ponen de cara al público para ofrecer los servicios que se espera de ellos. Puede que no seamos los mejores camareros y cocineros, pero a implicación no nos gana nadie.

Qué recuerdos de tantas y tantas fiesta de Getafe.

Casi que podríamos identificar las diferentes etapas de nuestra vida en torno a las fiestas. Desde los primeros años en los que íbamos acompañados por nuestros padres, pasando por la adolescencia donde ya queríamos volar libres, la época adulta y espero que también la vejez.

Getafe es una ciudad de gente trabajadora, y sus fiestas el reflejo de la ilusión y la participación de todos los colectivos que juntos conformamos una identidad. No se trata de bailar más que nadie, ni mucho menos de beber y comer hasta perder el sentido, han sido y seguirán siendo días para sonreír, para charlar, para compartir que un Getafe alegre y orgulloso de sí mismo sigue siendo posible.

Sara Hernández Getafe

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Vacaciones en el pueblo

Mi madre es natural de un pueblo de Ávila, concretamente Baterna, y mi padre un pueblo de Salamanca limítrofe con Cáceres, llamado Valdelamantanza.

Mis orígenes castellano leoneses están por tanto claros, pequeños pueblos de esos que no superan los 200 habitantes. Aunque no era este el dato en el que quería centrar la entrada del blog, sino en otro más propio de estos días de Agosto; las vacaciones en los pueblos.

Nada más terminar el colegio, y posteriormente ya en el instituto, me iba sin perder un segundo a pasar todo el verano, todo lo que duraban las vacaciones escolares, a los pueblos de mis padres. Contenta además porque nunca tuve que compaginar mis deseadas vacaciones con estudios, deberes o recuperaciones en septiembre.

Tengo de todos esos años recuerdos imborrables que siempre me acompañarán: la sensación de libertad fuera de la mirada de mis padres (ellos se quedaban en Getafe por el trabajo de mi padre), gracias también a la complicidad de unos abuelos que nunca me pusieron límites a mi (responsable) libertad. Por qué no decirlo, los primeros chicos (bueno, en realidad fueron muy pocos, pero sí los primeros), las singulares fiestas de verano de los pueblos (que sinceramente, quien no las haya vivido debe apuntárselo como asignatura pendiente). Y sobre todo, estar todo el día en buena compañía con los del pueblo y los alrededores, con los primos, con los primos de los primos, etc. Y no parar ni un solo momento, ya hiciera 40 grados o empezase a anochecer. ¡Nos pasábamos todo el día en la calle!

Era tal la vinculación que tenía con los pueblos de mis padres, tanta la naturalidad de mis días en ellos, que cuando nos daban las notas y comentaba con las amigas de clase mis planes veraniegos no me cabía en la cabeza que hubiera algunas que me dijeran que no tenían pueblo, que se quedaban en Getafe. ¿Cómo podía haber alguien sin pueblo? ¡Si todos los padres y madres vienen de un pueblo!  Tengo que reconocerlo, en mi niñez me costó entenderlo.

Fue una auténtica vivencia que recomiendo a todo aquel o aquella que tenga la posibilidad, especialmente para los más pequeños. Conocer la naturaleza, empezar a quererla y sobre todo a respetarla, algo muy importante en la época de los smartphones, los portátiles, la wii o la televisión por cable (en mis días de pueblo sólo se veían dos canales, aunque ya en color, siendo el objeto más valioso de la casa, no apto para manos infantiles). Además eran unas vacaciones baratas, en las que apenas te gastabas un euro (bueno, un duro), algo tan importante en las actuales condiciones económicas y de desempleo.

A los que por estas u otras razones hayan elegido las vacaciones en el pueblo, les animo a que las disfruten como lo hacía yo de pequeña y vean en ellas la posibilidad de reencontrarse consigo mismos y con sus orígenes, algo que yo echo de menos desde que fallecieron mis cuatro abuelos.

Muchas veces ponemos la atención en lo grande, en lo majestuoso, olvidándonos que lo más importante está cerquita y nos espera en las pequeñas cosas

Calles de Valdelamatanza

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