El Blog de Sara Hernández

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La recuperación de la credibilidad del Partido Socialista

Según la RAE, credibilidad es definida como la cualidad de poder o merecer ser creído. En términos políticos se aplica, por un lado, a la necesidad de hacer coincidir el discurso con los actos y, por otro, al hecho de que el que nos escucha (el vecino o vecina) nos crea capaces de llevar a cabo lo que decimos, es más, deseoso de que lo llevemos a cabo.

Este pasado fin de semana se ha celebrado la Conferencia Política de mi partido, del Partido Socialista Obrero Español (y lo cito expresamente por el orgullo que siento por formar parte de él), en un momento muy delicado, en las cotas más bajas de credibilidad, de imagen de marca y de penetración de nuestro mensaje en la sociedad. Y esa situación afecta a todos los niveles, porque algunos son protagonistas directos de la situación y otros son sus víctimas.

La pregunta es: ¿este fin de semana se acabarán estos problemas para el PSOE?.

He tenido la oportunidad de participar en los debates sobre valores y principios tan importantes que los llevo marcados a fuego en mi ADN socialista. Me refiero a aspectos como la necesidad de hablar el lenguaje de la calle, atados a la realidad y sin perdernos en grandes debates cuasi filosóficos que en nada solucionan problemas; ofrecer seguridad a la ciudadanía para que tengan la convicción de que, con los socialistas en el gobierno, sus problemas serán menores y en todo caso contarán con nuestra solidaridad y sensibilidad para soportar juntos la carga; de reconocer nuestros errores sin que eso nos implique parálisis en el planteamiento de nuevas propuestas de futuro; de actuar con total transparencia y mayor participación ciudadana; y de calle, de estar mucho en la calle junto con nuestros vecinos.

Pero si estos aspectos son de forma, de cómo se ha de entender el ejercicio de la política, en esta conferencia se han dado pasos importantes en cuanto al fondo (aunque ya anticipo que no se ha tenido la valentía necesaria para profundizar en alguno de ellos). Hemos dejado perfectamente claro nuestra apuesta por la laicidad (denunciaremos los acuerdos con la Iglesia y  sacaremos la religión de los colegios); nos hemos quedado a medio camino en cuanto a la petición de la República (reconocemos nuestro pasado republicano pero mantenemos el pacto constitucional de apoyo a la monarquía); por fin hemos apostado por una banca pública que garantice el crédito a empresas y familias; el derecho a la salud pasará a estar garantizado en la constitución como derecho fundamental; derogaremos la reforma laboral; y hemos dicho alto y claro que ser socialista es ser feminista.

En principio podríamos decir que tenemos todos los elementos necesarios para que comience sin más dilación el resurgir del PSOE, absolutamente imprescindible porque sólo de la mano de los socialistas se puede poner freno a los recortes del PP y garantizar el mantenimiento del Estado del Bienestar. Con esos avances, sin duda muy importantes en lo ideológico, ¿se acaban todos los problemas del PSOE?, ¿recuperaremos ipso facto la credibilidad perdida?.

Sinceramente creo que no. Y creo que no porque lo que decimos (bueno sin duda) no es creíble porque quien lo dice no lo hizo cuando tuvo la posibilidad de hacerlo. ¿Por qué en esta ocasión ha de ser diferente? se preguntan los ciudadanos. ¿Nos creerán si les decimos que esta vez sí, que esta vez va en serio?.

Sinceramente creo que no.

Y este último paso hemos de darlo sin más dilación para que, entre todos y todas, elijamos a la persona en cuya boca ese potente discurso sea absolutamente imparable e inyectar a la ciudadanía el optimismo necesario para que vuelvan a creer en nosotros. De lo contrario, ese optimismo se habrá quedado sólo entre las cuatro paredes de un palacio de congresos.

No quiero acabar sin decir a nuestro Secretario General, a Rubalcaba, desde mi más humilde opinión militante, que el PSOE no ha vuelto como ha indicado en su discurso de clausura de la conferencia política. Muchos compañeros y compañeros llevamos dos años trabajando en poner freno a los recortes y ataques del Partido Popular al bienestar y a la igualdad de oportunidades. Muchos compañeros no debemos salir de los despachos para pisar calle porque a ello llevamos dedicando muchas horas y desvelos, muchísimos los que hemos estado desde el inicio en las mareas ciudadanas cuando declararte socialista era sinónimo de rechazo.

Y si de señalar las cosas buenas se trata, el trabajo militante, bajo las peores de las circunstancias, se debe llevar el mayor de mis aplausos.

Os dejo una foto de uno de los talleres en los que participé durante la conferencia política.

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Ilusión

Este es el primer post de este blog, un blog que nace con un solo objetivo: compartir mis reflexiones vitales y políticas con todo aquel y aquella que les parezcan dignos de atención e interés.

Será un nuevo canal de comunicación, sumado a los muchos que las nuevas tecnologías nos ponen a nuestro alcance. Desperdiciarlo sería un error por mi parte, además de una manifiesta ceguera. Pero eso sí, sin olvidar nunca que junto a esta vida virtual existe una vida real, de carne y hueso,  rica y maestra, de la que se nutrirán las reflexiones de este blog.

Ayer por la tarde acompañé a un equipo de baloncesto de Getafe en su debut de temporada, algo que no llamaría en exceso la atención si no fuera porque jugaban (juegan) al baloncesto en silla de ruedas y cada uno de los 40 minutos que dura el partido es un ejemplo de superación ante las adversidades, esfuerzo y compañerismo, de trabajo al servicio de un único objetivo y con la pócima que creo más mágica: la ILUSIÓN.

¿Alguien cree en otro modelo diferente de hacer las cosas y de transformar la sociedad? ¿Este modelo es una utopía, superado por las dificultades del día a día, los personalismos o los ataques continuos? Me aventuro a contestar que no.

Entonces la pregunta que me asalta es otra: ¿cómo hacerlo? ¿Cómo encontrar ese elemento ilusionante y aglutinador al servicio del cual poner todo nuestro esfuerzo conjunto? Y aquí ya no me aventuro a contestar porque sé a ciencia cierta que en este punto es donde se podrían disparar todas las diferencias y matices.

Siendo plenamente consciente de nuestra historia, de las lecciones (buenas y malas) que de ella hemos aprendido, no creo en ese tótem tan repetido por algunos de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Por el contrario creo que estamos en un momento social y político en el que se precisa innovar, poner en práctica nuevas fórmulas de relaciones interpersonales y nuevas formas de hacer, superando  unos roles culturales que en su momento fueron muy buenos pero que ya están desfigurados por estos nuevos tiempos y aquellas nuevas circunstancias.

Desde aquí grito a los cuatro vientos la necesidad de hacer nuestra propia transición, una nueva transición basada en los valores de cercanía, afectividad, de participación democrática y de ayuda mutua, aislando los intentos interesados de capitanear lo que debe ser un trabajo compartido. Estoy convencida que así se crea la ilusión transformadora y nacen las redes sociales reales que nos unen a todos y todas en un frente y objetivo común.

Como dice un buen amigo, reivindiquemos y recuperemos la utopía, escuchemos el latido ahora escondido y volvamos a ilusionarnos nosotros y a ilusionar al resto.

Por cierto, el equipo de baloncesto en silla de ruedas ganó el partido. Toda una declaración de intenciones.

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