El Blog de Sara Hernández

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Vacaciones con mucho trabajo

Estos días me voy de Getafe, pero no muy lejos ni por mucho tiempo. Me voy al Valle del Jerte, en Cáceres, al pueblo donde creció mi padre y donde tantos veranos pasé en mi niñez y adolescencia.

Aunque la pequeña maleta va repleta de documentos, de mi ordenador portátil y de muchas ideas para Getafe. La actividad política después de tanto trabajo, se encuentra ahora en una fase determinante. En el PSOE ya estamos presentando el borrador de nuestro Programa Electoral a los vecinos y cada día que pasamos en los barrios recogemos nuevas propuestas.

Así que el descanso no lo será tanto, me lo planteo más bien con la premisa de tomar un poco de distancia, para coger fuerzas en este desafío en el que me embarqué junto a muchos amigos y compañeros hace ya tres años. Getafe va a seguir en mi cabeza a todas horas, como lo lleva estando toda mi vida.

He aprendido a amar esta ciudad desde pequeña, con sus cosas buenas y sus cosas malas. No estamos en una época demasiado fructífera, sobre todo porque hay muchos vecinos que lo están pasando realmente mal, pero hasta las cosas malas terminan solucionándose si todos ponemos empeño en ello.

En estos momentos de crisis social y política, no podemos permitirnos olvidar nuestras responsabilidades ni siquiera cuando volvemos al pueblo a pasar unos días. Getafe necesita un cambio urgente que devuelva el poder a las personas y solucione los problemas de verdad. Muchos estamos empeñados en ello, en que el Ayuntamiento recupere las políticas de izquierdas, pero mientras eso llega seguiremos trabajando incluso en vacaciones.

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Días de descanso y hobbies

Es absolutamente necesario, siempre y cuando se pueda, desconectar unos días. Salgas o no de Getafe (o de la ciudad en la que vivas), todos necesitamos desconectar. Relativizar las cosas, mirar los problemas con una perspectiva más sosegada y dedicarte tiempo a ti mismo y a tus aficiones. Precisamente a todo aquello a lo que las prisas y el estrés del resto del año relegan a las últimas posiciones de nuestra escala de prioridades.

Aprender. Descansar para fortalecerte. Enriquecerse para enriquecer.

Aquí os dejo una foto de mis días de descanso, disfrutando de nuestras costas y una de mis grandes aficiones, la fotografía.
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Vacaciones en el pueblo

Mi madre es natural de un pueblo de Ávila, concretamente Baterna, y mi padre un pueblo de Salamanca limítrofe con Cáceres, llamado Valdelamantanza.

Mis orígenes castellano leoneses están por tanto claros, pequeños pueblos de esos que no superan los 200 habitantes. Aunque no era este el dato en el que quería centrar la entrada del blog, sino en otro más propio de estos días de Agosto; las vacaciones en los pueblos.

Nada más terminar el colegio, y posteriormente ya en el instituto, me iba sin perder un segundo a pasar todo el verano, todo lo que duraban las vacaciones escolares, a los pueblos de mis padres. Contenta además porque nunca tuve que compaginar mis deseadas vacaciones con estudios, deberes o recuperaciones en septiembre.

Tengo de todos esos años recuerdos imborrables que siempre me acompañarán: la sensación de libertad fuera de la mirada de mis padres (ellos se quedaban en Getafe por el trabajo de mi padre), gracias también a la complicidad de unos abuelos que nunca me pusieron límites a mi (responsable) libertad. Por qué no decirlo, los primeros chicos (bueno, en realidad fueron muy pocos, pero sí los primeros), las singulares fiestas de verano de los pueblos (que sinceramente, quien no las haya vivido debe apuntárselo como asignatura pendiente). Y sobre todo, estar todo el día en buena compañía con los del pueblo y los alrededores, con los primos, con los primos de los primos, etc. Y no parar ni un solo momento, ya hiciera 40 grados o empezase a anochecer. ¡Nos pasábamos todo el día en la calle!

Era tal la vinculación que tenía con los pueblos de mis padres, tanta la naturalidad de mis días en ellos, que cuando nos daban las notas y comentaba con las amigas de clase mis planes veraniegos no me cabía en la cabeza que hubiera algunas que me dijeran que no tenían pueblo, que se quedaban en Getafe. ¿Cómo podía haber alguien sin pueblo? ¡Si todos los padres y madres vienen de un pueblo!  Tengo que reconocerlo, en mi niñez me costó entenderlo.

Fue una auténtica vivencia que recomiendo a todo aquel o aquella que tenga la posibilidad, especialmente para los más pequeños. Conocer la naturaleza, empezar a quererla y sobre todo a respetarla, algo muy importante en la época de los smartphones, los portátiles, la wii o la televisión por cable (en mis días de pueblo sólo se veían dos canales, aunque ya en color, siendo el objeto más valioso de la casa, no apto para manos infantiles). Además eran unas vacaciones baratas, en las que apenas te gastabas un euro (bueno, un duro), algo tan importante en las actuales condiciones económicas y de desempleo.

A los que por estas u otras razones hayan elegido las vacaciones en el pueblo, les animo a que las disfruten como lo hacía yo de pequeña y vean en ellas la posibilidad de reencontrarse consigo mismos y con sus orígenes, algo que yo echo de menos desde que fallecieron mis cuatro abuelos.

Muchas veces ponemos la atención en lo grande, en lo majestuoso, olvidándonos que lo más importante está cerquita y nos espera en las pequeñas cosas

Calles de Valdelamatanza

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