El Blog de Sara Hernández

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Ni una muerta más

El pasado sábado Madrid se tiñó de malva y luto para clamar juntos contra esta barbarie que estamos viviendo. Este sábado llenamos las calles de Madrid por primera vez en una marcha estatal contra la violencia de género. Lo hicimos, miles de españolas y españoles, porque estamos horrorizados de levantarnos día tras día con una nueva noticia de una mujer asesinada.

Estábamos tan indignadas como lo seguimos estando hoy, porque ni veinticuatro horas más tarde volvíamos a conocer otro asesinato.  La violencia machista, que no sólo afecta a mujeres, sino a niños, niñas y familias enteras, es culpa de todos. Cada vez que una mujer es golpeada, insultada, ignorada o menospreciada por el simple hecho de ser mujer, hemos perdido la guerra por la igualdad. Ninguna sociedad puede sentir que es libre y democrática si no tiene igualdad y libertad. Y hoy miles de mujeres continúan sufriendo en silencio esta violencia que transforma en cárceles lo que debería ser su hogar.

En Getafe hoy hemos presentado una campaña muy ambiciosa contra esta lacra bajo el lema ‘Un maltratador no es un buen padre’.

La educación escolar y familiar es fundamental en la transmisión de valores. Hoy como ayer debemos continuar protegiendo a esas mujeres valientes, que sufren el acoso de hombres que creen que les pertenecen y que ni entienden ni atienden a razón. Debemos proteger, concienciar y educar. Pero para mañana seguimos teniendo como país una asignatura pendiente, tenemos que enseñar sobre la igualdad porque si no habremos fracasado de nuevo.

Nuestras hijas e hijos deben tener claro que nadie es más que el otro por ser mujer o hombre. Sólo así conseguiremos el reto por el que muchas y muchos llevamos toda la vida luchando, igualdad real, sin golpes, sin muertes, sin mirar jamás hacia otro lado.

¡Ni una más!

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25 de Noviembre, violeta

Cada año lo mismo, cada año manifestándonos frontalmente contra la violencia de género.

Pero no por eso deja de ser absolutamente necesario, porque la realidad de cada día y a cada hora es la de una mujer (que podríamos ser cualquiera de nosotras o muy cercana a nosotras) que se siente amenazada o maltratada por su pareja.

Es cierto que poco a poco, muy lentamente, hemos avanzado, pero la violencia de género es una epidemia que pasa desapercibida en demasiadas ocasiones, a pesar de los gritos y las lágrimas que provoca en sus víctimas, muchas de las cuales optan después por el silencio. Los agresores se aprovechan de una idea de superioridad que creen poseer, y que en ningún caso es cierta. Una idea de superioridad que nos mata, que nos pega, que nos anula día tras día.

Es un tema que me revuelve las entrañas, y más cuando siento y veo la pasividad de los actuales gobiernos que se amparan una falsa idea de que es inevitable y que es una situación privada que sólo afecta a la pareja, en lugar de colocarlo en la primera línea de la agenda pública. Me revuelve las entrañas cuando veo (y tratan de justificarme) recortes en los programas de sensibilización e implicación y en los servicios de las víctimas, cuando la Ley Integral contra la Violencia de Género, que supuso un paso decisivo, va vaciándose poco a poco. Para este tema no existen medias tintas y por el que por supuesto alzo la voz para condenarlo y erradicarlo.

No más mujeres maltratadas, ni física ni psicológicamente, no más mujeres amenazadas por sus parejas, no más libertades recortadas, no más golpes sobre la la dignidad, la libertad y la igualdad.

El próximo 25 de noviembre se celebra, por decirlo de alguna manera, el Día Internacional Contra la Violencia de Género. Una fecha que da visibilidad a una barbarie hacia la que todavía hoy no se invierten los suficientes recursos y sobre la que en las escuelas aún se debe explicar y concienciar más. Estoy convencida de que la administración, en todas sus vertientes y posibilidades, debe implicarse mucho más para que un año por fin dejemos de conmemorar esta fecha y dejemos de llorar más muertes y amenazas.

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La lacra del terrorismo machista

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700 mujeres han sido asesinadas en España en la última década en crímenes de violencia de género. Una media de 70 homicidios al año y más de 600.000 mujeres sufren maltrato aunque menos de la cuarta parte decide contarlo y denunciarlo.

¿Y no pasa nada?  ¿Cómo es posible que la violencia de género no ocupe los primeros lugares de la agenda pública y política?.

No podemos consentir acostumbrarnos a estos asesinatos machistas y que se conviertan en una noticia más de los noticiarios. No podemos permanecer el margen.

Nos matan, nos maltratan (física y psicológicamente) porque nos consideran de su propiedad, porque nos consideran inferiores.

Para acabar con la violencia de género no basta con decir que estamos sensibilizados y quedarnos en las palabras. Hay que pasar a la acción, porque aunque no lo creamos podemos hacer mucho para acabar con el terrorismo machista.

Sin duda alguna son las Administraciones Públicas las primeras que han de estar sensibilizadas. Deben reforzar las acciones contra esta lacra social, deben evitar unos recortes que nos matan a nosotras pero humillan a toda la sociedad.

Pero también cada uno de nosotros y nosotras podemos hacer dar pasos importantes para acabar con la más clara muestra de la desigualdad. Podemos pararnos cuando en la calle vemos una dura discusión de pareja, podemos decirle a nuestra hija que puede vestir como quiera o ir con los amigos que quiera le guste o no a su novio, podemos decirle a nuestro hijo que la relación hombre- mujer se desarrolla desde la igualdad y la corresponsabilidad. Podemos evitar los estereotipos machistas que hacen que haya cosas de chicas y cosas de chicos.

Es necesario el esfuerzo conjunto de todas nosotras, la ayuda cómplice de tantos compañeros sensibilizados e implicados y la iniciativa de las Administraciones y demás instituciones para hacer posible un futuro de igualdad. Somos herederas del esfuerzo que antes que nosotras hicieron nuestras abuelas y nuestras madres y estamos obligadas a continuar con él para que lo puedan recoger nuestras hijas y nietas.

El sueño de un futuro sin violencia, sin agresiones ni amenazas ha de ser nuestro mejor aliciente. Porque sin igualdad no puede haber libertad, y sin libertad no puede haber una auténtica democracia.

En estos días se ha celebrado el 50 aniversario de la muerte del Presidente Kennedy. Permitirme que termine con una cita de su hermano Robert, llamado a continuar su obra pero también asesinado: “Pocos cambiarán por si mismos el rumbo de la historia, pero cada uno de nosotros podemos esforzarnos en cambiar una pequeña parte de los acontecimientos, y la suma de todos estos actos será la historia que escriba esta generación”.

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